Llevamos de 1990 ocupándonos de la globalización y

La Globalización




Llevamos de 1990 ocupándonos de la globalización y, sin embargo, todavía no nos hemos puesto de acuerdo sobre su significado.

Para algunos, en efecto, es un proceso económico-financiero, quizás el último estadio del capitalismo liberal. Otros, sin negar la progresiva inserción de las economías nacionales en un esquema de economía mundial, ven en ellos el preludio de una homogeneización cultural. Y hay quienes, más drásticos todavía, aseguran que se ha iniciado la etapa final de la utopía del estado mundial.

Todos, sin embargo, coinciden en que el proceso de globalización, aún considerado nada más en su significación económica, ha traído como consecuencia el debilitamiento del poder del Estado-nación, a punto tal que algunos han pronosticado su definitiva extinción en el próximo milenio.

Para Guéhenno, por ejemplo, “el año 1989 no clausura una época iniciada en 1945 o en 1917. Clausura lo que se institucionalizó gracias a 1789. Pone fin a la era de los Estados-naciones”. Y más adelante dirá: “El desaparecer de la nación lleva en sí la muerte de la política”.

El tema, pues, es lo suficientemente serio como para que, a poco que se piense un instante en él, surja una pregunta inquietante. En efecto, ¿es el proceso de globalización un fenómeno natural, en el sentido de involuntario, casi casual, como consecuencia lógica (y por ello irresistible) del estado de la economía y el progreso de las comunicaciones? ¿O, por el contrario, ha sido concebido, preparado y ahora conducido o dirigido por fuerzas poderosas? ¿Existe una planificación estratégica? Y si la respuesta fuese afirmativa, ¿quién la ha creado y quién o quiénes la ejecutan?

Lo que Adrián Sabulchi pone de manifiesto en su libro, es que esta prédica relativa a la creación de un poder mundial y la desaparición del Estado-nación, se encuentra enunciada desde hace más de 20 años, con timidez y disimulo primero, con bastante desparpajo en nuestros días.

 

 

Fuente: Gerardo Palacios Hardy en“El Cerebro del Mundo” de Adrián Sabulchi